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Mis cortos

No es mi especialidad. Reconozco que escribir un relato corto me cuesta sangre, sudor y lágrimas, sin embargo, alguna cosa ha salido. 

En especial, durante la pandemia tuve varios centelleos de inspiración. 

Y también durante algún reto en el que participé, aunque ya no lo hago. Tengo muchos proyectos iniciados y me causa ansiedad meterme en más fregados ^_^.

Aquí os dejo los que tengo, mientras termino la historia junto a la que los publicaré. No sé cuando, pero lo haré, pero están registrados.     ^_^

Cierre preventivo.jpg

Imagen creado con composición de imágenes de Pixabay y

tratadas con Photoshop 

Dedicado a todos los Comerciantes, Hosteleros  y Trabajadores 
afectados por las decisiones gubernamentales tomadas durante
la pandemia Covid-19

    Hoy papá me ha enseñado fotografías de cuando era joven. Las guardaba en una caja de cartón decorada con papel de colores. Las fotografías son hojas impresas con instantáneas de su tiempo. Sale en ellas con otra gente. Conté hasta siete varones y tres féminas. Todos hacían muecas extrañas. Parecían divertirse. En otras salen contorsionándose de formas extrañas. Papá lo ha llamado «bailar» .

   Nunca me habia enseñado esas fotos ni me habia hablado de ello. Pero yo no podia apartar mi mirada de aquellas imágenes.

Se le veía tan feliz…

 

   Todo comenzó un 12 de Marzo de 2020.  La razón, la Seguridad ciudadana. El motivo, un virus que atacaba especialmente al sistema respiratorio. Nadie sabe , o quien lo sabe lo niega, el origen de tal pandemia. Se decía que habia surgido de laboratorios de China, donde se originó. Tal vez un accidente, tal vez un tema de tráfico que salió mal, o quizás un experimento, quizás que se fue de madre, quizás con toda la intención de hacer limpieza general de la población. El caso es que se extendió en poco tiempo por toda Europa, Asia, el continente americano. Al principio nadie se lo tomaba en serio. Después comenzaron los confinamientos de la población, los cierres de negocios algunos de los cuales, nunca más volverían a abrir las puertas. Tiendas, comercios, grandes almacenes, bares, restaurantes, discotecas, salas de fiestas…

   Nueve meses después, poco o nada habia cambiado. Nueve meses después de lo que llamaron la Primera Oleada, aparecida en marzo de 2020, llegó la segunda en octubre, recién comenzado el curso escolar, al que en ese entonces, se asistía en grandes centros con zonas equipadas para albergar a muchos niños y jóves. En esta ocasión, entre peleas de los gobernantes, se decretó el cierre preventivo de lo que llamaban «espacios de ocio», bares, restaurantes salas de fiestas…  Se los consideraba zonas de riesgo de contagio. Los medios de transportes estaban exentos, a pesar de que la gente se aglomeraba en ellos para trasladarse a sus puestos de trabajo.

 

   Papá me explicó que aquellos lugares, nunca más se abrieron. Tambien se prohibieron las reuniones sociales privadas, el número de familia que podia verse sin riesgo, no superaba a seis. Las recomendaciones se convirtieron en prohibiciones, y las prohibiciones dieron lugar a las actuales leyes. No se permiten más de cuatro personas en una vivienda.

   Se crearon patrullas de control. Actuaban aleatoriamente, y , al principio, multaban a los asistentes que ocupaban el recinto si superaban el numero. Después, casi sin que se dieran cuenta, se fueron reduciendo las actividades sociales externas.

Se acabó el teatro, el cine, los conciertos.

 

   Después, para evitar conflictos, se decidió que, por seguridad, las féminas y los varones no convivieran bajo el mismo techo. Por el bien de todos. Para que los embarazos fueran mas seguro y que los bebés no pudieran adquirir el virus.  Asi que papá y mamá fueron separados cuando yo tenía siete años. No he vuelto a ver a mamá.

 

   Actualmente, solo pueden ocupar una vivienda dos personas. La música está prohibida. No se permite “bailar”, está prohibido. Solo puedes salir de casa para ir a trabajar si tu tarea no puede realizarse a traves de un ordenador. El sistema informático, controlado por el gobierno, tan solo permite acceder a las noticias y al trabajo.

 

   Solo podemos leer, los textos permitidos por el gobierno. Ver programas educativos, o conversar con una o dos personas a traves del chat de compatibilidad, en el que puedes conversar un par de horas al día con personas afines a ti.

 

   He conocido a una fémina compatible, y pronto tendremos una cita, aprobada por el Comité de control familiar, para que nos conozcamos, y que ella pueda engendrar un nuevo ciudadano. Pronto, los trabajadores que han llegado a los 50, serán retirados de la cadena laboral, y reemplazados por los siguientes obreros. Yo reemplazaré a mi padre. Es panadero. He aprendido la formación.

 

   Mi padre dice que no olvide lo que he vivido, porque quien sabe si, entre los nacidos de mi generación, surge un líder que acabe con la Nueva Normalidad, y nos permita recobrar la libertad para expresarnos, para escoger a nuestra pareja sin importar las veces que nos equivoquemos, para poder vivir con ella.

 

   Llaman a la puerta. Papá y yo nos miramos. Escondemos las fotos rápidamente en la falsa columna que hicimos con cartón cuando yo era niño, y que a papa se le ocurrió para tenerme distraido y que dejase de preguntar por mamá.

   Papá me abraza. No volveremos a vernos más. Tiene 55 años, y va a ser reciclado. Solo los gobernantes pueden mantener sus puestos tras los 70 años.

    Abre la puerta. La unidad de control de reciclaje le coloca las manos tras la espalda. Papá me mira y me dice, por ultima vez…

    «Te quiero, hijo».

   Le veo marchar.

   Me he quedado solo…

  Hasta que deba cuidar de mi propio hijo…

 

                                                                                                    Eratia Copperfield

                                                                                                           Escrito el  16 de octubre de 2020

portada -la arpia-seidenperle-pixabay.jpg

Basado en una experiencia real. 

La  Arpia

 

Cabellos rubios como el oro, semblante enmascarado, como es reglamentario, altiva aunque ocupada con la risueña criatura que la acompañaba. Él atractivo, trabajador, y de sonrisa sincera.

Ella no debería estar presente, sin embargo, pronto comprendí porqué había acudido a la reunión.

Nos sentamos para conversar asuntos importantes, un preámbulo cortés y amistoso, que ella no tardó en interrumpir recordando temas económicos que, de todos modos, iban a ser tratados. Exigente, arrogante… tóxica.

Imagen creado con composición de imágenes de Pixabay y tratadas con Photoshop 

Tomó la conversación con agresiva acritud, dejando callado al titular, y despertando mi hostilidad. Dos contra uno, una situación dificil de digerir, incómoda y desagradable, aunque la vida ya me había colocado en situaciones similares. Y entonces, entre sus desaires de dómina, se abrió la camisa y mostró sus atributos redondeados, escasamente bellos, útiles para la labor, y fue como si, por un instante, su disfraz se desvaneciera.

Ahí estába, legendaria criatura cuyo nombre ha identificados a mujeres tóxicas que apabullaban a sus escogidas parejas, hombres que caían encandilados por sus engañosos encantos, que dejaban que ellas tomasen el control de sus vidas, antes de devorarles. Era ella, pese a no mostrar sus garras, no mostraba sus alas, sin embargo sí lo hacia con los atributos que nunca habian ocultado. Su pequeña vástago, aquella que postergaría su genetica e impediría que la estirpe no se extinga, pese a que se vaya diluyendo con el tiempo, se apropió de uno de sus senos, ella seguía arrojando su arrogancia, pero su disfraz ya había caído a mis ojos. Como cualquier tóxica criatura, ignorarles es el mejor arma, porque les hace perder su fuerza, pierden la voz, y ésta se la devolví a quien realmente importaba, él. Inquieta en su forma humana, parecía revolotear para contener a su descendiente semi humana, pero su enojo, su ira , su rabia, eran notables para mí.

Destilaba veneno, yo la premié con mi desprecio. Una sonrisa a él, gentil y amable, buen humano hechizado por una criatura que siempre creímos mito, y que sin embargo, se ocultan a través de la magia, entre los humanos, para poder continuar existiendo.

No sabía que su magia, sería desvelada por la que reina en mi territorio.

Y ahora que sé qué es, una Arpía, sé cómo mantenerla alejada y cómo combatirla. Con aquello que ellas nunca supieron emplear más allá del simple encantamiento, y que yo conozco y comprendo…

Tras la Máscara -.jpg

Un producto que tan solo conocían los equipos médicos y algunas profesiones, repentinamente llena páginas y páginas de las redes, desde El Corte Inglés, que la une a su moda, a descripciones de mil y un artículo, formato y cualidades, hasta los bazares tienen su sección de maravillosas mascarillas, y todo el mundo puede crearla en su propio hogar…

De nada a todo…

Un género tan a mano, tan necesario del que no podemos prescindir al salir a la calle, porque sin ella, ni tan siquiera puedes acceder al transporte público…

Qué cosas más curiosas traen las extrañas circunstancias. ¿Verdad?

Imagen creado con composición de imágenes de Pixabay y tratadas con Photoshop 

Camino por la calle e, inesperadamente, un señor mayor que viene por la misma acera, aunque en dirección opuesta, comienza a tambalearse. Parece bebido. Se apoya en la pared. Se lleva la mano al pecho y parece tener dificultad para respirar. Me acerco, no soy médico, aunque en diversos cursos he aprendido primeros auxilios. No puede responder a mi pregunta… Tomo el móvil, y llamo a emergencias. Tardan en responder. Me quito el abrigo, le coloco de lado y se lo pongo de lado. Al fin me contesta una voz de mujer. Me realiza preguntas que apenas puedo contestar porque desconozco lo que ocurre. El rostro del hombre palidece mientras explico a la operadora los síntomas. Intento aflojarle el botón el cinturón. La gente que pasa se acerca a curiosear. Nadie de ayuda, como es normal. Solo cotillas aburridos que nada tienen que aportar. Vendrá una ambulancia.

Le retiro la mascarilla al hombre sin quitarme la mía. Es extraño, pero sus labios están azulados.

Escucho los aullidos de la sirena naranja. Los paramédicos examinan al hombre, se miran consternado y le suben rápidamente a la ambulancia y se alejan. La gente reanuda su caminar. Pronto cotillearán de lo ocurrido en las redes. Me ha parecido ver que algunos gravaban. Idiotas…

Más allá en otra calle, veo otro grupo de curiosos. Me acerco. Tengo un presentimiento. Apartó a alguien que está grabando. Mala suerte, su teléfono se ha caído al suelo. Espero que esté roto. Una mujer pide ayuda, su hijo adolescente se ha desplomado sin razón alguna. Apenas llevaban diez minutos fuera de casa. Le ayudo a colocar al muchacho de lado, como antes hiciera al hombre. De entre los curiosos, alguien dice estar llamando a emergencias. Al menos alguien con sesera entre tanto pierdetiempo. Tengo un presentimiento, y le retiro la mascarilla al chico. Oigo protestas, pero mentalmente les mando callar. Me importan un comino. Los labios azules… la piel pálida…

La ambulancia tarda. Son escasas para atender tantas salidas.

Oigo un grito de alarma no lejos de allí.

Algo está pasando, y tengo una mala sensación en mi pecho. Corro hacia ese otro lado de la calle. No, lo que sucede no es normal. Palidez, labios azules…

Esta vez, no solo le quito la mascarilla, la examino. Esta nueva. Recién salida de su envoltorio.

Le indico mi sospecha al paramédico. Le indico que en pocos minutos he visto a tres personas.

No me hacen demasiado caso. Pero, esta vez, me quedo la mascarilla. Está ocurriendo algo. Hay más personas.

Pregunto cuando salieron de casa. «Diez minutos». Si la mascarilla era nueva. «Lo era».

Soy una paranoica. Tal vez.

Las ambulancias ya no llegan tan aprisa. Si es que lo hacen. No puede ser. Es una locura.

En los canales de noticias, la situación es crítica. No son solo la veintena de caos que he visto en menos de un kilómetro de mi recorrido habitual a pie, de camino al trabajo. Está ocurriendo en diversos municipios de mi ciudad. Lo achacan a un nuevo síntoma del virus, una nueva mutación.

Pero mis sensaciones me dicen que no es así.

Tengo dudas, sin embargo, decido hacer una llamada a uno de los hospitales. Les pregunto si han recibido pacientes con las características que he advertido. Tras vacilar, me responden afirmativamente. Les pido que examinen las mascarillas que llevaban al llegar. Les expreso mi sospecha.

Me dan largas.

Al llegar a mi destino, me pego al ordenador, atenta a las noticias. Qué lento transcurre el tiempo cuando esperas anhelantemente algo…

Al fin a media tarde, hay respuesta.

                                 No era una mutación del virus.

No era un virus nuevo.

                                 Era un veneno.

Las mascarillas habían sido entregadas en diversos puntos de las ciudades afectadas, por varias personas.

                                 Como se hiciera en la Primera Ola.

La diferencia era que, en esta ocasión estaban impregnadas con algún tipo de veneno.

Mi mente paranoica… no acepta nada que regalen en la calle. Incluso la publicidad es de inmediato lanzada a la papelera.

Acudió a mi mente el consejo que nos daban de niños, y que, estúpidamente, olvidamos de adultos:

                                                      «No cojas nada que te ofrezca un desconocido».

                                                                                                                    Eratia Copperfield

reencarnación.jpg

Imagen elaborada con Dream Wompo con una foto propia como base.

Reencarnación…

 

Promesa de sutiles variables, engañosa tejedora de esperanzas de volver a existir, tal vez para mejorar errores cometidos. ¿Quién decide cuando debes reencarnar y qué errores deben ser corregidos? ¿Quién decide cuando acabar esta rueda incesante, agotadora, de volver una y otra vez a un mundo enloquecido habitado por seres que luchan una y otra vez por corregir algo de lo que no tienen idea de haber errado?

Burla cruel y despiadada. Juego de la gallina ciega en busca de un premio desconocido que es finalizar con este regreso continuo, volviendo incesantemente a nacer, aprender a caminar y hablar en una lengua diferente a la que mamaste por primera vez.

Sin embargo, observo a mi alrededor, a las ignorantes gentes que se debaten por un porvenir mejor, cada uno de ellos, con unas reglas diferentes, en las que deben llegar a una meta desconocida en medio de una gimcana atroz, semejantes a gallinas descabezadas que corren sin control de un lado para otro,

desconocedores de que alguna vez fueron algo muy diferentes a lo que ahora les ha tocado ser.

Este juego no tiene fin, y me ha tocado volver a jugarlo. Sin embargo, todavía no se han percatado de que juego con ventaja desde hace mucho tiempo.

He sido doncella ingenua fallecida durante la plaga de la peste negra, que arrebató mi vida con apenas dieciséis primaveras; virtuosa madre obligada a ver cómo la guerra me arrebataba a mi esposo, y el hambre se llevaba a cada uno de mis hijos; trabajador zapatero cuyo mayor delito fue que un par de mis zapatos fuese adquirido por un arrogante noble que, al calzárselo, cayera a tierra por mal paso y me culpase por ello. Muertes lamentables sin que ningún mal hubiese cometido para merecerlas, tan solo en pos de la adquisición de conocimiento para mejorar mi alma ansiosa del mismo… ¡Padecimientos inútiles sin ningún sentido en cada una de mis existencias!

Mi último recuerdo… una dulce niña, soñadora, que confundía su vida pasada con un sueño. Fue una buena vida… con la reencarnación de mi gran amor. La mejor de todas las vidas… Sin embargo, tuvo que cruzarse aquel autocar lleno de hinchas borrachos que regresaban de un partido de fútbol… Arrolló mi vehículo… Robaron la vida de mi Leo y nuestros dos hijos… Me enviaron a un coma durante tres años… y les he conocido en el juzgado.  Fui una buena niña, una buena esposa…  Una buena madre… y me los arrebataron…

Sin embargo, he aprendido un par de reglas de este juego sin sentido, y no se han percatado de ello. Estoy dispuesta a llegar a la última puerta, cerrarla a mi espalda para siempre, sin más cerraduras, ventanas o respiraderos por los que puedan volver a obligarme a reencarnarme en otra existencia. No van a desear mi existencia una vez más… porque esta vez… recuerdo quien fui, recuerdo quienes me han rodeado en mis tres últimas existencias, una de ellas, en un campo de exterminio en Polonia… Ahí fue cuando descubrí la fisura de este engaño que se repite una y otra vez… Una, y otra ... y otra vez…  Somos sus juguetes. Algunos se rompen, otros los rompen para comprobar qué pasaría. He descubierto que algunos de nosotros, no deberíamos estar de regreso, no porque nos queden asuntos pendientes… sino porque nosotros… somos ese asunto pendiente… Recordamos, de un modo peculiar, quiénes nos hirieron en vidas pasadas, y cuando ellos se cruzan en nuestras vidas, no dudamos en realizar nuestra propia justicia. Nos llaman Asesinos… Psicópatas… Monstruos…

Qué ingenuos. Somos reencarnados. Somos Los que Recuerdan.  

Y esta vez voy a jugar un juego diferente, porque en mi búsqueda durante la espera para el realojamiento en un nuevo cuerpo, he conocido a seres muy especiales, que han burlado la reencarnación. Ellos poseen nuevas reglas, y ahora, yo también las conozco.

Espera, veo la luz… Oigo la voz… Espero no haberme equivocado porque mi vida, mi reencarnación, comienza y, esta vez, el juego es mío. Pero en esta ocasión, lo haré bien…

Lloro al emerger del vientre de la nueva mujer que me alumbra…  Veo sus lágrimas de felicidad cuando me mira con esa expresión tan agotada que también yo recuerdo. Es madre… Fui madre… Pero ahora… solo es mi llave a esta nueva partida. Vamos a emplear todos los conocimientos hasta ahora adquiridos…

Allá va. Solo tengo que encontrarle, y sé que lo haré. Ya he oído hablar de él. Pero ahora, es hora de dormir para despertar en el momento adecuado. Soy una Reencarnada que recordará llegado el momento…

¿Quieres saber Mi nombre?

No importa, porque me conocerás como un ángel adorable…

Me amarás y, luego, si tu vida en algún momento se ha cruzado con la mía en el pasado, comprenderás una cosa… 

                                                            Que te Recuerdo. 

 

                                                                                                                                     Eratia Copperfield

Gracias por llegar hasta aquí.

Espero que te haya gustado. 

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