
Los Cuentos del Viejo Roble

Ilustración de Eliudrae.
Movimiento x Grok

El achaparrado roble constituía el auténtico corazón de la bulliciosa ciudad de Trienne.
Pequeñas aves colmaban de vida sus nudosas ramas con trinos alegres mientras construían sus nuevos nidos; los chiquillos correteaban alrededor del milenario árbol, las jóvenes parejas lo convertían en lugar de sus citas, y los ancianos gozaban del frescor de su sombra. Los primeros indicios de atardecer se convertían en el momento más esperado del día, una vez habían finalizado las agotadoras tareas cotidianas. En aquella serena hora de la jornada, gran parte de los jóvenes y niños de la ciudad acudían junto al viejo roble, se acomodaban ordenadamente en el suelo y aguardaban, con incontenible ansiedad, a que el anciano sentado en una de las prominentes raíces, les deleitase una vez más con las palabras que, envueltas en los mágicos matices de su melodiosa voz, brotaban de sus labios.
El enigmático personaje no pertenecía a la ciudad, tampoco conocían su nombre, no obstante, formaba parte de ella del mismo modo que lo hacía el antiguo roble. Si alguna vez, alguien pensaba sobre ello, llegaba a la conclusión de que no recordaban cuándo había sido primera vez que apareció en Trienne. Siempre le habían visto allí a la misma hora, en el mismo lugar..., apoyadas las manos en el extremo redondeado del rugoso bastón, sin que nadie fuese capaz de adivinar el tiempo que llevaba acomodado en la retorcida raíz. Durante el día, era como si jamás hubiese visitado la ciudad. Sin embargo, a la caída de la tarde, cuando el sol iniciaba su ocaso, él ya estaba allí. Entonces, cualquier otra preocupación quedaba relegada en el olvido.
Solo sus historias importaban.
Así es como comienza el libro. Presentándote al narrador de historias y al pueblo en el que, las narra para su audiencia.
Cada tarde, una historia. Jamás la misma...

